Las condiciones climáticas que imperan en determinada región para un período se mantienen estables dentro de cierto rango. Son las estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno.
En la parte del Pacífico de Nicaragua, por la proximidad al Ecuador -donde la tierra se divide en dos hemisferios- las estaciones solo son dos: seca y lluviosa. En ellas varía drásticamente el régimen de lluvias, más no tanto la temperatura.
De esta forma, la temporada lluviosa inicia en mayo y culmina en noviembre para dar paso a la época seca que comienza en diciembre y concluye en abril.
En la parte del Atlántico nicaragüense, las estaciones están menos diferenciadas y existe un mayor régimen de lluvia influenciado por las condiciones meteorológicas del mar Caribe.
El pronóstico estacional proporciona información sobre el comportamiento climatológico más probable de los próximos meses. Por lo que para hacer un buen pronóstico de lo que sucederá al inicio del invierno en Nicaragua, es necesario conocer cómo se ha comportado la primavera y cuáles son las tendencias del verano del hemisferio Norte según los modelos climatológicos, por eso es que el pronóstico estacional para Centroamérica se debe realizar a finales o principios de abril.
Adicionalmente, el ciclo de El Niño es el fenómeno que más influye en la predicción estacional del clima para Nicaragua, así como las anomalías de temperatura en la superficie del mar en las zonas tropicales de otros océanos, unido a otros factores como la cobertura de nieve, el contenido de humedad del suelo y el pronóstico de la actividad de tormentas tropicales.
A nivel mundial se han desarrollado dos tipos de métodos para elaborar predicciones estacionales del clima: Los métodos estadísticos que tienen en cuenta las relaciones empíricas entre la temperatura en la superficie del mar, así como las anomalías de las variables climáticas en periodos pasados de condiciones similares; además de los métodos dinámicos que recopilan las últimas observaciones de barcos, satélites, estaciones meteorológicas, etc., para construir una imagen de cuál es el estado de la atmósfera, el suelo y el océano en el momento.
Esos datos se tratan y se les proporciona a modelos meteorológicos acoplados que simulan las leyes de la Física que rigen los cambios de la atmósfera, el suelo y el océano, y las influencias mutuas que se ejercen, para ver cuál será su evolución en el futuro próximo.
La escasez de observaciones disponibles a nivel mundial para alimentar los modelos anteriormente citados hace que los errores se vayan acumulando según avanza el tiempo. Sin embargo, los promedios del orden de tres meses de las variables meteorológicas son más predecibles que valores instantáneos -diarios o semanales-, ya que los resultados están influenciados por variables que tienen una evolución lenta y predecible como la temperatura del mar. Por tanto, hacer una predicción sin tomar en cuenta estos factores, aumentará significativamente el error.
Hoy se usan más de 20 modelos, tanto estadísticos como dinámicos para realizar las predicciones estacionales. Los servicios meteorológicos de Centroamérica han logrado con éxito acoplar sus pronósticos estacionales a través de reuniones que realizan, como un esfuerzo para lograr disminuir la probabilidad de errores.
De todas formas, a pesar de los esfuerzos de la ciencia, la predicción climática pertenece al campo de la inexactitud porque se trata de variables cuyo comportamiento no son exactamente predecibles; por tanto, los pronósticos siempre serán probables.
Por todo ello, es posible que el domingo 1 de abril tengamos una mejor aproximación sobre qué dicen los modelos para los tres primeros meses de nuestro invierno.
(*) El autor es doctor en Ciencias y Director del Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología en Cambio Climático de la Universidad de Ciencias Comerciales.